Cuando observamos un olivar, no todos vemos lo mismo
Para quien trabaja en el campo, cada árbol cuenta una historia. Detrás de cada aceituna hay meses de observación, decisiones y cuidados. Sin embargo, para quien visita Jaén por primera vez, el olivar es un paisaje inmenso que despierta admiración y curiosidad
El lenguaje que solo entiende quien trabaja la tierra
Quienes trabajan entre olivos aprenden a interpretar señales que muchas veces pasan desapercibidas para el resto. Nuestros compañeros del campo observan cómo reacciona el árbol ante los cambios de temperatura, cómo evoluciona tras una lluvia o cómo responde al riego y a los nutrientes que recibe.
Recuerdo una anécdota muy curiosa durante una visita de Oleoturismo. Uno de los visitantes nos preguntó cómo sabíamos cuándo un olivo necesitaba agua y justo en ese momento pasaba Pedro, uno de nuestros compañeros responsables del campo, y aprovechamos para trasladarle la pregunta.
Su respuesta fue inmediata:
- «Eso te lo canta el olivo.»
Todos nos echamos a reír, pero detrás de aquella frase había una gran verdad.
Quien convive cada día con el olivar termina desarrollando una conexión especial con él, aprende a reconocer pequeños cambios en las hojas, en el crecimiento del fruto o en el aspecto general del árbol. Es un conocimiento que no se encuentra en los libros, sino que se adquiere con años de experiencia y observación.
La sorpresa de quien descubre Jaén por primera vez
La visión del visitante es completamente diferente, pero igual de enriquecedora. Cuando llegan a nuestra finca, hay una pregunta que se repite constantemente:
—¿Pero cuántos olivos hay en esta provincia?
Y es que la inmensidad del paisaje sorprende incluso a quienes han viajado por muchos lugares del mundo. Nuestro mar de olivos deja sin palabras a quienes lo contemplan por primera vez.
Mientras el agricultor observa necesidades, evolución y producción, el visitante se fija en otros detalles. Le llama la atención el cuidado que recibe cada árbol, las prácticas sostenibles que se aplican en el cultivo o cómo aprovechamos los recursos siguiendo principios de economía circular.
También descubre algo que muchas veces desconocía: que no todos los aceites de oliva son iguales. Aprende a distinguir sus calidades, a apreciar sus aromas y sabores, y se lleva a casa pequeños consejos para disfrutar mejor del aceite de oliva virgen extra en su día a día.
Lo más bonito es que ambas miradas terminan encontrándose y estas dos perspectivas se complementan
El agricultor ayuda al visitante a comprender todo el esfuerzo que existe detrás de cada cosecha. El visitante, por su parte, recuerda al agricultor algo que a veces se olvida cuando se convive a diario con el paisaje: la belleza extraordinaria del mar de olivos
Porque el mismo olivar puede ser, al mismo tiempo, un lugar de trabajo y un motivo de admiración y quizá ahí, reside gran parte de su magia.
